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jueves, 12 de marzo de 2015

Sube tensión política en Brasil con protestas a favor y contra Rousseff

Dilma Rousseff. EFESAO PAULO. Los brasileños están convocados a manifestarse a favor o en contra de la presidenta Dilma Rousseff en marchas que ocurrirán mañana y el domingo en decenas de ciudades de todo el país, en medio de una creciente tensión entre el Gobierno y la oposición por la corrupción y la crisis económica.

Las marchas suceden en un momento en el que la popularidad de Rousseff se ha derrumbado hasta casi un 20 %, apenas dos meses y medio después del inicio de su segundo mandato, el pasado 1 de enero.

El favor de Rousseff se ha diluido en parte por el escándalo de corrupción descubierto en la petrolera estatal Petrobras, que ha salpicado a 49 políticos, en su mayoría oficialistas, y en parte por las impopulares medidas de austeridad tomadas por el Gobierno debido al agravamiento de la crisis económica en el país.

Las manifestaciones favorables a Rousseff han sido convocadas este viernes en las capitales de los 27 estados brasileños y participarán en ellas varios sindicatos afines al Gobierno, asociaciones estudiantiles y movimientos sociales de izquierdas.

Las protestas opositoras tendrán lugar el domingo en cerca de 50 ciudades y han sido convocadas a través de las redes sociales por grupos de ciudadanos que aseguran no tener vínculo con partidos políticos.

Algunos de los convocantes de la marcha del domingo sólo pretenden protestar por la corrupción y la deriva de la economía, pero otros más extremos demandan la apertura de un proceso de destitución contra Rousseff y una minoría incluso pide abiertamente una "intervención militar".

Aunque ha hecho una vehemente defensa del derecho a la manifestación, Rousseff ha advertido de que las protestas no pueden transformarse en una "tercera vuelta" de las elecciones del pasado octubre, en las que ganó por un estrecho margen de 3 puntos porcentuales sobre el senador opositor Aécio Neves.

Otros miembros de su gabinete han denunciado veleidades "golpistas" en las peticiones de un juicio político para la destitución de la jefa de Estado, que llegará al domingo apenas en el 74 día de su segundo mandato.

El ministro de Relaciones Institucionales, Pepe Vargas, afirmó hoy que pedir la destitución de la mandataria es "un golpe a la democracia" y supone "faltar el respeto a la voluntad mayoritaria de la población brasileña que fue a las urnas".

En la última semana, algunos sectores del país han mostrado su descontento a través de cacerolazos, oídos en barrios acomodados de varias ciudades durante un discurso televisado de Rousseff el pasado domingo, y con abucheos directos a la mandataria en un acto en Sao Paulo que tuvo lugar el miércoles.

Las principales fuerzas opositoras, entre ellos el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), de Neves, han declarado su apoyo a las manifestaciones del domingo, aunque se han desmarcado de las exigencias de un juicio político a Rousseff.

Las marchas oficialistas de este viernes fueron convocadas más tarde, como un contrapunto a las opositoras, aunque en ellas no todo serán alabanzas al Gobierno.

Los sindicatos pretenden aprovechar para exigir que el Gobierno dé marcha atrás en las medidas de ajuste fiscal anunciadas para sanear las maltrechas cuentas públicas y que ellos interpretan como un recorte de derechos laborales que causará recesión y desempleo.

Los oficialistas también plantean la "defensa de Petrobras" en contra de los sectores que, según ellos, proponen privatizar parte de la empresa aprovechando que se encuentra en una situación de extrema debilidad por el escándalo de corrupción y el desvío de miles de millones de dólares de la caja de la empresa estatal.

Este jueves Rousseff hizo una última defensa del derecho a las manifestaciones que, recordó, estuvieron prohibidas durante la última dictadura militar (1964-1985), aunque recalcó que las protestas deben ser "pacíficas".

"A la manifestación hay que mirarla con tranquilidad. Todo el mundo tiene derecho a protestar, pero lo único que no podemos aceptar es que eso se transforme en violencia o en destrucción de patrimonio", manifestó Rousseff, en una clara alusión a las protestas violentas que fueron recurrentes en el país en 2013 y 201

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